La Asociación Mundial de la Bioenergía (WBA, en sus siglas en inglés) publica este mes el informe Global bioenergy statistics 2019. En él se reflejan las cifras de producción y consumo de energía a partir de todo tipo de biocombustibles durante 2017, donde la bioenergía representó el setenta por ciento del consumo de energía renovable. Afirman que esta cuota bajó ligeramente (entre el 0,5 y el uno por ciento) “debido a la disminución del uso de fuentes de biomasa tradicionales”.

Esa biomasa tradicional son leña y residuos agrícolas y ganaderos que se recolectan y queman con muy limitadas garantías de sostenibilidad y salubridad. Sin embargo, entre las principales conclusiones del informe de la WBA aparece que dichos residuos, procesados de forma adecuada, se pueden convertir en “la próxima gran revolución de la bioenergía”, como expuso Lapinskas en la COP25.

El informe recoge que actualmente los residuos agrícolas contribuyen con menos del tres por ciento a la producción total de bioenergía. “Sin embargo –sostienen desde la WBA–, debido a la creciente demanda para reemplazar los combustibles fósiles para generar calor y electricidad con fuentes de energía sostenibles, renovables y disponibles, residuos como la paja y las cáscaras pueden formar una parte importante de la generación de bioenergía”.

Entre 4.000 y 9.000 millones de toneladas de residuos agrícolas disponibles
Según las cifras que maneja la WBA, los residuos de todos los cultivos principales podrían generar anualmente en todo el mundo un cantidad de biocombustibles que fluctúa entre 4.300 millones de toneladas (estimación baja) y 9.400 millones (estimación alta).

Consideran que este potencial es “enorme”, máxime teniendo en cuenta que la mitad de los residuos no se utilizarían para generar energía. “Deben dejarse en el campo con el fin de garantizar la calidad del suelo”, advierten en el informe. Pero no se dice nada sobre otros usos de esta misma biomasa que entrarían a formar parte de iniciativas de economía circular y bioeconomía y que limitaría la disponibilidad estimada.

Los planes y estrategias de bioeconomía (estatales y de la Unión Europea) remarcan la jerarquía en el uso de residuos, en el que priman la prevención, el reciclado y la reutilización frente a la valorización energética. Además, dentro del denominado uso en cascada, prevalecen otros destinos (alimentario, maderero, textil…) antes que el energético.

Solo con residuos agrícolas se podría cubrir el catorce por ciento de la energía mundial
En el informe sí se tiene en cuenta que el potencial sostenible, incluidos los factores económicos, sociales y ambientales, sería considerablemente menor que el potencial teórico. Pero afirman que “incluso teniendo en cuenta todos los factores sostenibles, los residuos agrícolas tienen un gran potencial para ser parte de la combinación energética futura”.

Calculan que, “utilizando factores de conversión de energía estándar para residuos con un contenido conservador de humedad y el contenido energético de los combustibles, el potencial teórico de los residuos puede estar en el rango de 17.8 a 82.3 exajulios (EJ)”. Detallan que la contribución principal procedería de cultivos de cereales, como maíz, arroz y trigo.

Para contextualizar este potencial, el informe recuerda que el suministro de biomasa para energía en 2017 fue de aproximadamente 55,6 EJ, y el total de energía de todas las fuentes, incluidos los combustibles fósiles, de unos 585 EJ. “En otras palabras, la generación de energía a partir de residuos agrícolas podría alcanzar entre el tres y el catorce por ciento del suministro total de energía a nivel mundial”, apostillan.

De los 55,6 EJ de biomasa para fines energéticos: el 86 por ciento procedió de biocombustibles sólidos, principalmente astillas, pélets de madera y leña. “Los residuos agrícolas aportan menos del tres por ciento”, advierten en el informe.  Los biocombustibles líquidos suman el siete por ciento, y entre el biogás, los residuos municipales y los industriales se reparten el siete por ciento restante.

Ence pone en marcha la planta de Puertollano con residuos agrícolas
En España, la mayor productora de electricidad con biomasa, Energía y Celulosa (Ence), anunciaba a principios de mes que su nueva planta de cincuenta megavatios de Puertollano (Ciudad Real) ya aporta sus primeros megavatios de energía a la red. “Su actividad permitirá una fuerte reducción de la quema incontrolada de rastrojos agrícolas, que tiene un alto impacto ambiental”, afirman desde Ence.

Desde que se anunció la construcción de esta planta, ubicada en las antiguas instalaciones de Elcogás, se afirmó que “consumirá fundamentalmente sarmiento y orujillo, así como residuos forestales locales, lo que contribuirá al aprovechamiento sostenible de estos recursos renovables y una importante generación de empleo rural”.

En su “decálogo para la sostenibilidad de la biomasa como combustible”, Ence asegura “respetar los usos prioritarios de la biomasa”, como la alimentación, la construcción o el mueble; así como “no quemar madera en rollo de más de diez centímetros de diámetro, ni que provenga de especies invasivas cultivadas”. En la presentación del decálogo en 2017, habló incluso de “aprovechar únicamente biomasa agrícola sobrante cercana”.

Puedes revisar la noticia completa aquí: https://www.energias-renovables.com/biomasa/a-la-proxima-gran-revolucion-en-la-20191231