La mitad de nuestro consumo total de energía a nivel mundial se utiliza para la producción de calor, para nuestros hogares, fines industriales y otras aplicaciones. La mayor parte de este calor proviene de la quema de combustibles fósiles como el carbón, y es responsable de una proporción significativa de la contaminación mundial.

Sin embargo, hasta la fecha hemos visto muy poco progreso en todo el mundo en la limpieza de cómo generamos calor, a pesar de la existencia de soluciones más sostenibles y rentables. Una razón importante para esto es que los sistemas de calefacción que hemos construido en gran parte del mundo son costosos y problemáticos de cambiar, y hay montones enteros de incentivos gubernamentales que favorecen las alternativas alimentadas con combustibles fósiles. Dicho esto, hay muchas presiones ambientales que están forzando el cambio, comenzando con la calidad del aire en ciudades como Beijing y Delhi, así como las presiones globales para descarbonizar.

Hay muchas formas de reducir el calor residual, como construir edificios mejor aislados o aumentar la eficiencia de los motores. Otra forma es capturar y utilizar el calor residual para otros fines, como calentar agua caliente, que luego se puede usar localmente en un sistema de calefacción de distrito. Dichos sistemas son costosos y requieren tiempo para su construcción; sin embargo, la digitalización de nuestro mundo nos brinda una gran oportunidad para repensar el calor y de dónde lo obtenemos.

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