En este artículo de Juan Arellanes en la Revista Foreign Affairs Latinoamérica, se revisa el papel histórico que ha jugado el petróleo en la economía global, y porqué es necesario que deje de ser la panacea energética para transitar hacia un futuro realmente sostenible .

Aquí un fragmento del texto, que enfatiza el grave problema de dependencia del petróleo, acentuado en la crisis pandémica actual:

¿“Nueva normalidad”?

La pandemia de COVID-19 está actuando como el mayor disruptor de la historia, golpeando a un sistema ya en crisis. El “coma inducido” de la economía global puede haber sido el “tiro de gracia” para la industria petrolera, y las consecuencias serán revolucionarias. La globalización, que tiene una dimensión metabólica ineludible, ha consistido, esencialmente, en el establecimiento de un patrón de flujos globales de materia y energía. Sin tal patrón de flujos, la globalización no es posible, sin importar intenciones políticas, deseos de consumidores, planes de inversión de empresas o geoestrategias de grandes potencias. Una interrupción prolongada del flujo puede derivar en una falla sincrónica a escala global.

Esto no es una apología del petróleo. Estoy convencido de que el cambio climático en curso (junto con los otros límites planetarios) puede hacernos cruzar, en pocas décadas, el umbral hacia un planeta invernadero, incompatible con la civilización humana. Debemos abandonar los combustibles fósiles y refugiarnos en las energías renovables pese a todas sus limitaciones. Pero conforme disminuya la oferta petrolera global, la economía se irá desglobalizando. Y si el proceso es caótico, puede ser violento. El vínculo energía-economía es tan estrecho que las consecuencias económicas de la pandemia ya están provocando un incremento en la violencia, que ya estaba en curso antes de que el elefante se metiera a la cristalería.

El problema no es la pandemia. El problema es que alcanzamos los límites de la producción de energía neta y de la biocapacidad del planeta. Nuestro problema se llama crisis civilizatoria. Para sobrevivir debemos reinventar todo: la forma de producir alimentos, de construir asentamientos, de abrigarnos, de desplazarnos, de relacionarnos con la naturaleza y, lo más importante, la forma de relacionarnos entre nosotros.

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