Suecia, que dejó de lado el petróleo tras las crisis petroleras de 1973 y 1979, se ha convertido ya en el país europeo que más recurre a las energías renovables. En 2014 éstas representaban el 53% del consumo energético total del país.

Además de una fuerte fiscalidad medioambiental que fomenta la transición, Suecia ha sabido sacar partido de sus importantes recursos naturales. Más de la mitad de su territorio está cubierto de bosques, cuya materia orgánica, transformada en bioenergía, se utiliza principalmente para la calefacción urbana y la producción de electricidad.

El debate respecto a la energía nuclear, que dividió al país durante muchos años, se ha ido apagando progresivamente. La producción de energía nuclear no es tan rentable como las energías renovables y resulta caro mantener las instalaciones más antiguas.

“Disponemos de varios años para anticipar los cambios que afectarán al sector nuclear, pero la cuestión de la formación resulta esencial desde ya mismo”, explica Johan Hall, responsable de estudios en la central sindical sueca Landsorganisationen Sverigen (LO), donde se ocupa, principalmente, de las cuestiones climáticas y energéticas.

“La transición energética ocupa un lugar preponderante a nivel de la investigación y la educación, y nuestro interés por estos sectores va en aumento desde hace una década”, constata Göran Finnveden, profesor y vicepresidente para el desarrollo sostenible en KTH.

Las empresas empiezan también a implicarse. Son ya cerca de 300 las que se han sumado a la iniciativa Fossil-free, establecida por el gobierno para acelerar la transición hacia el 100% de energías renovables.

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